La impresión 3D, tan rápida como la de tinta

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Aunque la impresión 3D era una auténtica revolución de por sí, hasta ahora, para crear una figurita 3D del tamaño de un cubo de rubick se podían necesitan horas y, en objetos de tamaño mayor, el tiempo de espera podía macarse incluso en días. Esto se debe a que el proceso de impresión tridimensional, como en la pastelería, se basa en crear capa a capa el objeto, dejando enfriar las capas inferiores –para que cojan consistencia– mientras van añadiendo las capas superiores.

Hasta ahora, la principal tecnología de producción se basaba en el moldeado por deposición fundida (FDM) en la que la impresora calienta el rollo de material y como si se tratara de una manga pastelera, va conformando el objeto.

La nueva tecnología por estereolitografía, usa unas resinas líquidas que, al ser expuestas a la luz ultravioleta se solidifican, más o menos, como sucede en una plancha de caramelizado. Si bien, hay que apuntar a que este proceso resulta mucho más complejo y costoso que cualquier otro.

 

La ventaja de la estereolitografía, entonces, es la velocidad de fabricación. La producción líquida continua controla el proceso de solidificación de las moléculas de resina (polimerización), y al jugar con el láser ultravioleta, que inicia la reacción química que solidificación, y con el oxígeno, que la detiene, consigue crear objetos en cuestión de minutos.

¿Cómo se puede hacer esto? Por medio de un “cristal” que, a modo de lentes, ajusta el paso de la luz y el oxígeno, consiguiendo una impresión continua, sin fracturas y con acabados reconocidamente notables.

Las impresoras 3D ya no tienen nada que envidiar a las de tinta. Como siempre, la revolución de esta tecnología resulta imparable y hace que nos preguntemos: ¿hasta dónde más podrá llegar?

Lastest Update: abril 13, 2015